Breve historia de Sinaloa

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 Breve historia de Sinaloa

Sinaloa perteneció al límite norte de la Mesoamérica. El más alto desarrollo cultural de la región se registró en la parte centro y sur y rumbo a los valles y a las costas.

Sinaloa perteneció al límite norte de la Mesoamérica. El más alto desarrollo cultural de la región se registró en la parte centro y sur y rumbo a los valles y a las costas.

Antes del contacto con los europeos, el territorio que hoy conocemos como Sinaloa estuvo poblado por un número considerable de pueblos que tuvieron diferenciación lingüística pero con ciertas unidades dialectales comunes.

La división indígena del territorio, basada más bien en un cierto respeto a la naturaleza y a la manera de vivirla, persistió al momento de la invasión y a la conquista y así dio origen a tres provincias que se llamaron; Chiametlán, Culiacán y Sinaloa.

La vida cotidiana y productiva se desarrolló en las márgenes de los ríos, los cuales fueron su hábitat principal. A través del río, y del mar a la sierra, se gozaba y sufría la naturaleza sinaloense compuesta de inmensas aguas que fluyen en corto trecho hacia un mar de abundantes especies, que desde entonces maravillaron a los permanentes viajeros del litoral.

Los moradores de las tres zonas ya enunciadas fabricaron cerámica de uso ceremonial de notable belleza, enterraron a sus muertos en ollas como si volvieran al vientre materno, practicaron los juegos prehispánicos del ulama, recolectaron miel y frutas silvestres, tejieron mantas, fabricaron pipas de barro, sellos para decorar paredes y telas, cazaron el venado, dejaron su mensaje en petroglifos; signos abstractos grabados en piedra y como todo pueblo que se siente auténtico defendieron su territorio.

El sinaloense prehispánico estaba sujeto en forma determinante a las condiciones ecológicas de su territorio, adaptadas a su medio, no construyeron ciudades como en el altiplano de la zona central de lo que hoy es México.

Sus moradas fueron endebles pues conocían las grandes avenidas de los ríos, por lo que podían cambiar de lugar según fueran las condiciones naturales. En lo que hoy es el estado habitaron diversas tribus indígenas entre las que sobresalen Cahítas, Totorames, Pacaxees, Acaxees, Xiximes.

La palabra Sinaloa proviene precisamente del idioma Cahíta. Con la entrada de Nuño Beltrán de Guzmán, empezó el cambio fundamental que trastocó la vida indígena, apareció otra forma de vivir y de relacionarse con la naturaleza; la agricultura adquirió otro sentido y junto a la ganadería, como actividades que tienen por objeto la gran producción, se propició el desarrollo de la minería.

Se establecieron otras relaciones de poder y muchos de los pobladores nativos vieron devaluada su humanidad; se impusieron los servicios personales que muchas veces propiciaron relaciones de esclavitud; se introdujo otra relación con lo desconocido y de varios dioses se pasó a uno principal.

Se persiguió y exterminó a los dirigentes indígenas, acusándolos de hechiceros. Se consolidó la monogamia como forma familiar y el tributo tuvo como destinatarios a personas que vivían fuera de territorio sinaloense.

Se impuso la imagen de un rey al que no se conocía, se empleó la violencia militar para formar pueblos que, en no pocas ocasiones, fueron destruidos, todo ello acompañado por la labor evangélica de las órdenes religiosas, especialmente de los Franciscanos y los Jesuitas.

La etapa de la historia colonial en Sinaloa es el tiempo de experimento económico representado por la expansión territorial a partir de la riqueza generada en el espacio social y de la extracción a toda costa que alimentó fortunas en el exterior.Todo ello aunado a condiciones difíciles de comunicación con el centro virreinal e incipiente comercio por los informales puertos sinaloenses.

Así llegaron los ecos de la lucha por la Independencia, que tuvo su expansión en el sur de Sinaloa a través de la influencia jalisciense; el marco de este reventón independentista fue el de la fuerte represión a los pueblos indígenas llevada a cabo por la comandancia de las provincias internas de occidente.

La Revolución y la Independencia, marcaron con su impacto a la sociedad sinaloense; dos enfrentamientos militares, en Rosario y San Ignacio nos dieron un lugar en tales acontecimientos.

En el período del Porfiriato se consolidaron importantes espacios productivos en el estado. Nuevos patrones de producción y de consumo, la aparición de otros cultivos y el paso de la hegemonía de los metales preciosos a los estratégicos (acero, plomo, cobre, zinc) trastocaron las relaciones económicas y sociales en el Estado. La hacienda agrícola y las minas de oro y plata perdieron influencia.

La crisis que se produjo por esta transformación productiva desequilibró las fuerzas regionales y otros grupos de poder económico manifestaron su presencia. Uno de los méritos de la revolución fue haber derrotado políticamente a los cuadros del Porfiriato y después incorporarlos en las nuevas relaciones económicas que se estaban gestando.

En este proceso Sinaloa participó con la institucionalización de la Revolución, al asignársele de manera preferente la producción de alimentos que el país requería.

En la actualidad, después de profundos cambios estructurales y políticos, nuestro país se apresta a modernizar las relaciones de competencia productiva de carácter agropecuario para poder arribar a mejores procesos industriales y comerciales.

Desde antes que estallara la Guerra de Independencia en el año de 1810, Sonora y Sinaloa formaban parte de las provincias internas de occidente.

En el año de 1823, según decreto expedido por el Primer Congreso Constituyente Mexicano, la provincia de Sinaloa quedó separada de la de Sonora.

Una vez disuelto el Estado de Occidente, los Estados Libres y Soberanos de Sonora y Sinaloa procedieron a designar e instalar sus respectivas legislaturas, cuya misión fundamental fue dotar a cada entidad de las leyes necesarias para conducir sus destinos por el camino del derecho y la paz social.

En Sinaloa el Primer Congreso Constituyente del Estado se instaló formalmente en la Villa de Culiacán el 13 de marzo de 1831.

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